No mereciese yo mas huella, que
la que dejé caer por donde anduve, mas no por ello quisiera privarme
sin pecar de vanidosa, de aportar algo a la humanidad, que por sutil
que fuese, superara el hecho de consumir el aire que comparto con
el resto de seres vivientes en este planeta, ya posean capacidad
para pensar o no y sean conscientes de si mismos.
La capacidad de pensar es la que nos hace gozar, disfrutar, temer
o sufrir de acontecimientos que ni siquiera pertenecen al presente
sino que ya ocurrieron, que prevemos, deseamos o tememos que ocurran.
Varios serían los sentimientos que nos manejan a su antojo a lo
largo de nuestra existencia, amor, odio, temor, etc. Mas
sería el AMOR el único capaz por si mismo de hacer aflorar a cualquiera
de los demás y el que más palabras y textos desgastó en grabados
y escritos a través de la historia.
Las personas no seriamos tales sin la capacidad de pensar, sentir
y tomar decisiones de manera autónoma, los sentimientos nos acompañan constantemente, y es mucha la dedicación otorgada a la causa de expresarlos, ocultarlos, disfrutarlos,
trasmitirlos o inclusive querer controlarlos, esta última, resultando
tarea más que retadora, formando así parte del eje de nuestra propia
existencia.
En cualquier caso el uso de este tránsito entre lo que llamamos
nacer y morir, nunca cae en la indiferencia absoluta entre aquellos
que nos rodean, con lo que con mayor o menor intensidad o popularidad,
modificamos irremediablemente no ya el presente sino a posteriori,
ese otro tránsito de los demás, construyendo así con todo ello,
una cadena sin principio ni final, con la que nos formamos unos
a otros elaborando colectivos y sociedades.
Un gran numero de personas en todo el mundo, guían sus pasos entre
bastidores y parámetros marcados por religiones o creencias, ya
sean impuestas o no, creyéndose todos ellos individual o colectivamente
poseedores de la verdad absoluta, cuando ésta ni tan siquiera exista
en realidad, aunque apartando todas esas limitaciones sociales o
morales, llámeseles como se quiera, lo innegable es que en si mismo,
por su capacidad de pensar, sentir y analizar, el ser humano posee
una capacidad infinita para dar y recibir en todos los aspectos
y lo que es mas importante aun, de ser consciente de todo ello,
gozando o padeciendo en consecuencia todo cuanto acontece en la
vida, cuya cotidianidad no seria mas que el resultado del cúmulo
de circunstancias sucesivas y continuadas de cuanto acontece en
nuestro entorno donde de igual manera, nosotros participamos constantemente
a través de nuestras decisiones ya sean espontáneas o premeditadas.
Dejando aparte el bien o el mal, términos inventados por nosotros
mismos, yo no quisiera con tanta palabrería aburrir a ese lector
ocasional, que tras aguantar mi humilde exposición hubiese llegado
hasta aquí, además de mi enhorabuena por ello y agradecimiento,
sino crear al menos por un momento, conciencia de esa influencia
que continua e irremediablemente provocamos y recibimos del resto
de personas, para invitar si se desea, a actuar positivamente y
en consecuencia, modificando aunque sea sutilmente muestro comportamiento
de cara a los demás de manera más acorde a lo que realmente queremos,
sobretodo en aquellos aspectos donde nos resulte gratuito, como
el hecho de mostrarse amables o regalar una sonrisa a los demás,
cuando con ello no perdemos nada y contribuimos a que este tránsito
entre el nacer y el morir que llamamos vida, sea mas agradable,
gratificante y digno de nosotros mismos
Sirvan estas líneas a modo de homenaje y agradecimiento a cuantos
se cruzaron en mi camino y me aportaron alguna porción de esa esencia
de la vida, cuyo conjunto hizo y hace que ésta merezca la pena ser
transitada, especialmente a aquellos cuya capacidad de disfrutar
haciendo disfrutar a otros, admiro, venero y agradezco, cuyo afán
por ello les deseo sea devuelto merecidamente día tras día.

No hay comentarios:
Publicar un comentario