sábado, 21 de julio de 2012

Ophelia


 
Y allí estaba ella, tendida entre el césped verde y refrescante, enredado en su negro pelo y acariciado por sus delicadas manos. Mientras miraba el cielo, descubriendo formas entre las nubes y observando cómo los pajarillos danzaban en el aire; unos  solos, y otros en manada.  El pájaro solitario revoloteó durante un tiempo en el aire, hasta donde le llegaba la vista a nuestra anfitriona. Después, se posó en la rama de un árbol tan sigilosamente que apenas se escuchó el crujido de la alargada y oscura rama. Ella se incorporó, sin dejar de mirar al pájaro y sosteniéndole la mirada, descubriendo en sus ojos amarillentos un mundo nuevo, un pico capaz de hablar por si solo y una historia tras cada mirada.