domingo, 22 de abril de 2012

Puntos suspensivos.

 
     A veces me despierto con una sonrisa en la cara, puedo mirarte y tener esa sonrisa permanente todo el día si quisiera, puedo, pero no quiero hacerlo, hoy no. Ni hoy, ni quizás durante mucho tiempo.
    He demostrado que soy una persona fuerte, puedo ser optimista, puedo incluso acabar con la felicidad de otras personas. Puedo aconsejar, puedo ayudar, y decir una sartada de verdades, pero la verdad es que cuando se trata de mi, de mi misma, no se cómo ayudarme.
Se que soy buena amiga, se que siempre estoy ahí, soy aquél típico hombro en el que todo el mundo se apoya...pero cuando yo tengo que apoyarme en algún hombro, desaparece cualquier rastro de amistad.
Es un contínuo sentimiento de sentirme sola. Es insoportable.
    ¿Sabéis qué es lo que pienso cada día, cuando me levanto para sonreir de esa manera? Pienso, Patri, eres maravillosa, ayudas a un montón de gente, deberías estar orgullosa de ello... pero no puedes ayudarte a ti misma.
     No se cuántas veces me he caido y me he vuelto a levantar. No se cuántas veces realmente me he encontrado sola y aún no habiendo nadie que me pudiese ayudar me he quedado pensando en mi futuro y he dicho... sigue adelante, tú puedes. Nadie conoce mi fachada, nadie, ni mi familia. Pero tengo que confesaros que muchas veces, muchas mañanas... para sonreir... primero he llorado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario