"Hay varios tipos de lejanía. Una surge cuando notas, que se crean
barreras insalvables entre tú y otra persona. Cuando se pierde la
complicidad y dejan de ser interesantes los motivos que os unían. En
este caso, no pasa nada. Fue algo que te acompañó durante un tiempo,
después acabó. Conservas sólo buenos recuerdos de esa relación, sabiendo
–tal vez con un poco de melancolía- que nunca volverás a recuperar lo
perdido. Otra lejanía, es la dolorosa. Es poner distancia antes que
alejar. Tal vez, porque tan sólo su presencia, nos impide echar el vuelo
para continuar nuestra vida. Es la distancia que aleja a la persona
definitivamente de nosotros porque el fin que los dos buscamos, es
diferente. A veces también se da la lejanía, cuando no se cuida una
relación. Cuando la desidia ocupa el lugar de los detalles, y nunca hay
tiempo para nada. Entonces todo se enfría, y ya nada es lo que era. Una
sonrisa... ya no provoca las nuestras; ya no apetece abrazar... y no se
siente ni frío ni calor. La persona estando presente, causa la misma
sensación que cuando está ausente. Sin embargo, a pesar de todo esto...
creo que no... Creo que aunque la lejanía deje de devorar cuando se
acepta, nunca desembocará en las aguas del olvido. Porque no se puede
olvidar una relación, que ha sido siempre de un “te quiero” contenido..."

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